“No hay ninguna restricción en el mercado de combustibles. Si las empresas creen que el precio al que venden a las estaciones de servicio no es suficiente para pagar sus costos, entonces se encarecerán y perderán volumen. El precio es libre”, señaló ayer el ministro de Energía, Javier Iguacel, dando por tierra los idas y vueltas en relación a los signos de intervención oficial en el mercado de las naftas para proteger el bolsillo de los consumidores. El funcionario realizó esas declaraciones para intentar calmar las aguas en el mercado mayorista donde se están registrando serios problemas de abastecimiento debido a las menores ventas de petroleras como Shell, Axion y Trafigura. El libre mercado en el sector (relativo a raíz de la fuerte presencia de la estatal YPF) está de todas formas sujeto a que las condiciones financieras no sigan empeorando. Iguacel busca transmitir la idea de que esa turbulencia está superada. 

 “Estamos bastante preocupados por la situación que se avecina, un problema que hasta la semana pasada era de abastecimiento de las estaciones de servicio blancas que no estaban encontrando un proveedor adecuado ahora pasó a ser un problema de las estaciones de servicio de bandera. Hay petroleras que han puesto un cupo de entrega y por encima de esos cupos un precio diferencial”, dijo ayer el presidente de la Confederación de Entidades del Comercio de Hidrocarburos y Afines de la República Argentina (CECHA), Carlos Gold. “El lunes o martes estaremos haciendo un reclamo formal con datos más precisos. El sector minorista no lo va a sufrir tanto. El problema se va a acentuar en el mercado mayorista, en el agro, la industria, el transporte. Va a escasear el gasoil y se va a transformar en un problema para los usuarios dónde conseguir el producto”, agregó.

Según operadores del mercado, los problemas de abastecimiento se derivan de los intentos de intervención oficial en el mercado de naftas. Si bien en octubre del año pasado el Gobierno desreguló los precios de los combustibles, a comienzos de mayo, a raíz de la inflación alta de los primeros meses del año y en el marco del inicio de la corrida cambiaria, el por entonces ministro de Energía, Juan José Aranguren, acordó con las empresas un congelamiento de los precios de las naftas por 60 días. La idea era que a partir de julio los aumentos sirvieran para ir incorporando el retraso acumulado y los ajustes resultantes de eventuales variaciones en petróleo crudo, tipo de cambio y precio de biocombustibles no trasladados a precios en mayo y junio. Sin embargo, a principios de junio, un mes después de aquel acuerdo, las empresas aumentaron 5 por ciento las naftas y 4,5 por ciento el gasoil. La devaluación del peso y la suba del precio internacional del crudo hicieron crujir el pacto y la decisión oficial de aumentar el Impuesto a los Combustibles en medio del congelamiento lo dio por concluido. En ese momento se estableció que los aumentos serían del 3 por ciento en julio, pero las empresas aumentaron días atrás hasta un 12 por ciento.

En medio de los intentos del Gobierno de moderar las subas de las naftas, varias empresas empezaron a escatimar sus ventas mediante la implementación de cupos para las estaciones de servicio y las restricciones al canal del cual se abastecen el agro, el transporte y las grandes empresas. El ministro Iguacel respondió ayer a los estacioneros diciendo que “capacidad de refinación hay, también hay crudo y capacidad de exportar y de importar. No hay razón para falte combustible. Pretenden algunos que sigamos fijando precios en lugar de competir libremente. Creemos que 40 millones de argentinos eligiendo donde comprar va a ser mucho mas eficiente que Iguacel decidiendo los precios en su escritorio”, agregó el funcionario. Reafirmó que “no hay ninguna restricción en el mercado de combustibles” y consultado sobre la previsible alza en los precios derivada de una situación de desregulación en el actual contexto, dijo que “las empresas lo pueden hacer porque el precio es libre, algunos tendrán que subir la nafta”.

En el sector, el principal conflicto laboral se da en la refinería de Trafigura en Bahía Blanca, que está tomada por los trabajadores como modo de protesta ante el despido de 200 empleados. Trafigura argumenta que los ingresos por la venta de sus productos refinados no cubre los costos de adquisición del crudo.

Un informe de la Federación de Expendedores de Combustibles plantea que el atraso de precio es del 23,4 por ciento en la nafta súper. Sobre esa base, el Gobierno reafirma el libre mercado, lo cual es probable se traduzca en subas persistentes. Esta semana, YPF aumentó la nafta súper en el área metropolitana de 26,50 a 27,83 pesos por litro (5 por ciento), al igual que el gasoil, que pasó de 23,05 a 24,20 pesos, mientras que Shell aumentó los precios entre 9 y 11 por ciento.

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