Nos protegen, nos salvan la vida y educan, pero sus sueldos no cubren la canasta básica

Nos protegen, nos salvan la vida y educan, pero sus sueldos no cubren la canasta básica

La realidad de policías, médicos y docentes que se multiplica por millones



Policías que cobran $17.000 en mano; docentes que recién se inician y obtienen $12.500; o médicos con salarios que no llegan a $25.000 se reconocen hoy en una realidad argentina que se multiplica por millones y los iguala: la desazón de estar por debajo de la línea de la pobreza o muy cerca de ella. Y, frente a eso, un Estado que le pone techo por decreto a las paritarias: es lo que hizo la Gobiernadora con el 19% a los maestros, quienes volverán al paro el lunes y martes.

Ahí está el agente de la Bonaerense, que arriesga su vida cotidianamente, pero a la vez debe tomar horas extras o dedicarse a hacer changas porque con su sueldo, si tiene familia y alquila no llega a cubrir una canasta básica de alimentos y servicios que puede superar los $50.000.

¿Cómo ese efectivo puede proteger nuestras vidas si ni siquiera se respeta la suya? ¿Cómo hace para vivir con $17.000, si más de la mitad se le va en el alquiler, otro tanto en la luz y el gas y el resto le queda para comer lo que pueda? ¿Cómo exigirle avidez de reflejos y vocación por un servicio que no lo trata como debiera, que no le da la dignidad de poder llenar, como corresponde, su estómago y el de su familia?

Del mismo modo, ¿qué futuro puede tener una Provincia, una Nación, si sus maestros salen de un aula para entrar a otra porque el salario no les alcanza? Cuando lo usual sería que trabajasen en un curso bien pago, unas horas y aprovechar el resto para preparar la clase siguiente, perfeccionarse, seguir sembrando conocimiento entre los alumnos.

Ese grado de precarización explica también que los médicos, que trabajan entre hospitales en ruinas, falta de insumos y paga escasa, migren del sistema público al privado.

Son los resultados de un Estado que interpreta como gasto lo que en rigor debiera ser inversión: policías, docentes y médicos bien pagos, con salarios que con comodidad permitan sostener las cuatro comidas diarias -una mesa con su pan, su carne, sus elementales nutrientes- no es solo respetar la dignidad de la vida de quienes nos cuidan y educan, sino también, sobre todo, las nuestras.

 

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Marcelo



Nos protegen, nos salvan la vida y educan, pero sus sueldos no cubren la canasta básica

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