¿Ayuda a la pareja sumar un tercero en la cama?

¿Ayuda a la pareja sumar un tercero en la cama?

Vínculos
Incluir a alguien en el sexo de pareja podrías verse como recurso para
"refrescar" la relación. Pero ¿funciona?



La idea de incorporar un tercero –femenino o masculino– en la intimidad de una pareja estable quedó asentada en los albores de la década del ochenta. El sexólogo neozelandés John Money, autor del libro Lovemaps, puso en escena el ménage à trois. O, mejor dicho, lo habilitó como posibilidad. Money planteó que cada individio tiene su propia hoja de ruta erótica formada por imágenes, sensaciones, percepciones y experiencias pasadas. Lo llamó “mapa del amor”. La definición de lovemap sería la imagen de aquella situación y el amante idealizado; con quien una persona querría tener relaciones sexuales y el contexto de ellas. Este mapa está determinado por las cosas que atraen o repelen a cada persona. En criollo, cada uno tiene su cartografía del amor, una huella digital que abarca todo su mecanismo excitatorio. Entonces, ¿todos están en condiciones de pedir cómo recorrer ese GPS? ¿Alguien puede proponer una cama de a tres para incentivar a su pareja? ¿O basta con que el trío sea sólo una fantasía?Incluir a terceros en la cama es una de las opciones que algunas parejas eligen para vivir más a pleno su sexualidad. / Ilustración: Daniel Roldán.

–Soy Juan Antonio y ustedes son… –Yo soy Cristina y ella es mi amiga Vicky.

–Me gustaría invitarlas a pasar el fin de semana, vamos a comer bien, a tomar vino… vamos a hacer el amor… –¿Quiénes exactamente van a hacer el amor?

Juan Antonio, el personaje interpretado por Javier Bardem, no dudó al responder esa pregunta: “Esperemos que nosotros tres”, dijo. Es una escena de la película Vicky Cristina Barcelona, dirigida por Woody Allen y estrenada en el año 2008. Las mujeres dudaron un poco pero terminaron yendo a la mansión del irresistible Juan Antonio. Esa fue la punta del ovillo de un entramado tejido entre cuatro: el hombre, Cristina y su amiga Vicky –en las pieles de Scarlett Johansson y Rebecca Hall, respectivamente– y María Elena, la esposa en crisis de Juan Antonio, encarnada por Penélope Cruz.

El argumento es imbrincado. Juan Antonio seduce a Cristina y consigue que se instale en su casa; Vicky, recién casada, se siente atraída por Juan Antonio; María Elena vuelve a vivir con su marido y, lejos de enojarse, acepta que haya establecido otra relación. No sólo eso: se involucra. Un hilo de locura, violencia y decepción cose toda la historia. El filme ganó varios premios –un Oscar, cuatro Globos de Oro y un Goya, entre otros– al tiempo que interpela el comportamiento humano en términos de deseo y represión del impulso sexual.

Marina tiene 37 años y es abogada. Hace casi una década que está en pareja con Jorge, que tiene 41 años y es empleado en una telefónica. Ella se instaló en la casa de él hace unos años y, dice Marina, la convivencia no afectó su sexualidad. “Al contrario, la expandió”, asegura y sigue: “Entre nosotros hubo una coincidencia natural, que se dio de entrada. Al principio nos decíamos qué nos gustaba y qué no, nos sentimos libres de pedir y respetamos mucho nuestros espacios sexuales, es decir, si tenemos ganas o no, si preferimos masturbarnos. Eso nos dio mucha confianza”.

También establecieron “normas internas”, como no tener sexo por fuera de la pareja... Salvo que sea justo dentro de la pareja. Marina se relaja para hablar de esto: “Un día le pregunté qué le parecía si sumábamos a una mujer. Habíamos entrado en una rutina que nos parecía peligrosa: muy buen sexo pero un poco repetitivo. Pensé que la pregunta lo sorprendería pero él me sorprendió a mí”, dice Marina. Jorge le dijo que sí.

“Incluir a terceros en la cama es una de las opciones que algunas parejas eligen para vivir más a pleno la sexualidad. El primer motivo es abrirse a nuevas experiencias por un deseo de probar, de aventurarse. En estos casos no existe aburrimiento o monotonía, son personalidades que necesitan de estímulos que los desafíen, que pongan a prueba su capacidad para obtener placer. Ambos miembros de la pareja tienen inquietudes semejantes que las llevan a concretar la fantasía de incluir a un tercero”, explica Walter Hugo Ghedin, médico psiquiatra y sexólogo, autor del libro Sexo y Sexualidad (Ediciones Lea).

Patricio Gómez Di Leva acaba de publicar su primer libro, Sexualidad Inteligente, publicado por Grijalbo. Uno de los apartados se titula Cuando somos más que dos. Allí también se habla de las fantasías: “Fantasear con tener un trío es un primer paso hacia esa dirección. Permitirse fantasías, explorar y jugar es absolutamente positivo. La fantasía siempre es un plus que suma estimulación y ayuda a salir de la rutina. A algunas parejas les alcanza con su imaginación, pero otras van más allá”.

Como Marina y Jorge, que decidieron ponerle cuerpo a sus sueños. Y dicen que les fue bien: “Nos parecía que lo mejor era buscar en las páginas web donde las mujeres ofrecen servicios sexuales. Nos daba seguridad, pensamos que alguna de ellas sabría qué hacer con nosotros, que éramos unos inexpertos porque no habíamos pasado por una situación así con parejas anteriores. Eso también fue divertido: buscamos a una chica, la elegimos entre los dos y yo me comuniqué con ella. La escuché relajada, como si fuera lo más normal del mundo”, cuenta Marina. Acordaron un encuentro para el fin de semana.

“Para poder disfrutar de un trío –analiza Gómez Di Leva– la pareja tiene que tener muy buena comunicación, un sexo considerado satisfactorio entre ellos y estar pensando en algo nuevo, en una experiencia diferente, y no buscar con la incorporación de otro superar problemas de la pareja que sólo se pueden resolver entre ellos.”

El caso de Marina y Jorge, sin embargo, es una excepción. El Dr. Adrián Helien, sexólogo del Hospital Durand, no escucha tantas historias como ésas en su consultorio. Es que, a su entender, los vínculos humanos son tan complejos que habitualmente la idea del trío queda estancada en la fantasía. Incluso esa idea no es compartida entre los miembros de la pareja. “Las relaciones humanas son complejas. Si es difícil ponerse de acuerdo entre dos personas, entre tres es mucho más complicado. Nunca dos personas tienen el mismo deseo, es raro que quieran lo mismo”, apunta el especialista. Lo que uno puede imaginarse es muy diferente a la realidad. En el primer caso, cada individuo arma su propio “escenario mental”. Es decir, le pone una cara –y un físico determinado y los modales que prefiere– a ese tercero, lo hace “jugar” y hablar de determinada manera. Por eso el fantaseo suele ser más efectivo en términos de placer que el hecho concreto del trío.

“Una relación sexual de a tres es una variable, una posibilidad de exploración. Pero implica riesgos. Por eso es importante plantear acuerdos de antemano para evitar malos entendidos. Las reglas deben ser claras. Algunas parejas involucran a un tercero como ‘un permitido’, cada tanto. Para otras es más frecuente ese tipo de práctica. Pero aun así son minoría. El sexo de a tres no es tan sencillo”, cierra Helien. n

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